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lunes, 21 de noviembre de 2016

Acuartelados en Creek Club #Cuba

Por José Alberto Alvarez Bravo.

Barcelona/ Mambí en A/ Concluido el Curso "Encuentro Fraternal por la Democracia en Cuba", organizado y animado por la Fundación Rescate Jurídico, los participantes nos dimos cita en lo que denomino La Embajada del amor a Cuba, residencia particular de Santiago Alvarez en Miami.

Luego de una emotiva interacción entre los participantes y los organizadores, y en consonancia con la índole jocosa típica del cubano, alguien hizo alusión al hecho de que colegas nuestros llevan a su habitación la porción de alimentos que no se consumen en la cena, refiriéndose a ellos como "los limpiapeceras". La jocosidad de la alusión me inspiró este palabreo insustancial, apto sólo para desocupados o subocupados.

El 5 de noviembre de 2016, un grupo de cubanos residentes en la isla arribó a Miami con el fin de participar en el mencionado curso, alojándose en el rentalls Creek Club. El grupo, compuesto por una docena de hombres y media de mujeres, se alojó en dos habitaciones los hombres y las féminas tienda aparte. El grupo más afortunado ocupó una habitación con acceso a WiFi y dotada de medios carentes en la otra; como en esta habitación viven los "limpiapeceras", hasta una imaginación tan pobre como la mía se percata de que el nombre que le encaja es "la pecera". A la otra habitación, desprovista de casi todo, le llamo "el calabozo". Los confinados en el calabozo solemos acudir a la pecera a conectarnos, tomar café y visitar a nuestros camaradas.

Hemos pasado toda una semana viviendo en comunidad, durmiendo en el piso (con buenos colchones, no como en los calabozos castristas, claro está) y consolidando nuestras fraternales relaciones.

El Curso ha sido todo un éxito, con sólo el tenue deslucimiento de alguna situación poco feliz, compensada con creces por la altura de los conferenciantes y la entusiasta participación de los seminaristas.

Desde Cuba, al oír hablar de los Seminarios yo pensaba en unos teques aburridos donde los exiliados pretendían enseñarnos a ser contestatarios, pero al conocer desde dentro la esmerada organización, la dedicación de la Fundación y el denuedo y amor del matrimonio Álvarez, me he sentido hondamente impresionado, alentando la convicción de que este evento ha contribuido al crecimiento, robustecimiento y clarificación de la importancia de los métodos de lucha no violentos para el noble y patriótico empeño de instaurar un estado de derecho en nuestra patria.

Mi más profunda, sentida y cariñosa gratitud a la Fundación Rescate Jurídico, integrada por hombres y mujeres a quienes más de medio siglo de expatriación no les ha menguado su latente amor por Cuba.
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