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viernes, 9 de diciembre de 2016

Ya no es solo un anhelo: Secretario General de Alpha 66 #Cuba

Por Ernesto Díaz Rodríguez
Ex prisionero político cubano
Secretario General de Alpha 66

Ya no es sólo un anhelo. Al fin la muerte del tirano que por muchos años sumió a nuestro pueblo en el dolor y en la desesperanza tocó a las puertas de un nuevo destino para Cuba, que se empina en el horizonte como un radiante sol en la mañana, luego de una terrible noche de borrasca, que en ocasiones se nos antojaba interminable.

Al fin el mito de su eternidad se ha destrenzado. El simbólico ídolo de los de alma cautiva comienza a desdibujarse y sólo va quedando en los espejos el eco nauseabundo de su voz; su voz en los cristales fragmentados; su voz, envuelta en gazas de silencio, flotando a la deriva en las oscuras charcas de la patria.

Miami está de fiesta. Están de fiesta decenas de miles de cubanos que conforman el exilio más grande y edificante en toda la historia de América Latina. Y hay más que suficientes razones para celebrar. No creo que celebren simplemente la muerte del tirano que los privó de ver crecer a sus hijos en el país donde están sus raíces, y su música y sus palmas. Celebran porque al fin hay un rayo de luz iluminando el camino que conduce a la libertad de nuestra fragmentada nación. Porque atrás ha quedado una era de paralización y de espera en la inmensa mayoría de los que aún no habían entendido lo frágiles que son las tiranías cuando se alza el espíritu inquebrantable por encima de todas las miserias. Cuando el puño de la razón se hace más fuerte que el fusil y se rebela contra el opresor, contra los que imponen a los pueblos, con extrema arrogancia y alevosía, vivir en asfixiante noche carcelaria.

También en Alpha 66 nos sentimos de fiesta. Aunque somos de los que no se sentaron a esperar, de los que entendieron desde muy temprano los derechos que nos corresponden y la obligación de conquistarlos al precio que fuera necesario, sentimos la inevitable alegría de quienes ven rodar barranco abajo la piedra que bloqueaba los caminos del amor, la paz y la prosperidad en nuestra Cuba infeliz, nuestra agónica Cuba, crucificada en una cruz de harapos, de odio y de maldad. Sabemos que aún queda mucho por hacer, que aún nos esperan enormes sacrificios y obstáculos por vencer, porque aún no está conclusa la tarea. Sabemos también que la muerte de la bestia, la satánica bestia que de lágrimas y sangre vistió a los arrecifes y los parques de nuestra hermosa Isla, no significa más que el principio del fin. Pero haremos todo lo posible por arrancar del surco las pútridas raíces de un poder en entrampada herencia transferido. Raíces que infectan nuestra tierra y la hacen amargamente cenagosa e infértil.

Haremos todo lo posible, y mucho más si fuera necesario, por esa libertad por la que tantos buenos hijos de Cuba entregaron su vida en los paredones de fusilamiento y en combates desiguales en los campos de batalla. Lo haremos sin vacilaciones, porque en Alpha 66 hay una conciencia muy bien definida de cuánto urge a nuestro pueblo respirar los aires vigorosos y límpidos de la libertad. Que nadie lo dude, porque hay una luminosa historia de coraje y de combate y estamos dispuestos a continuar firmes, más allá de los obstáculos y las adversidades que en ocasiones nos impone el destino, esta gesta histórica que nada ni nadie podrá impedir tenga su fin feliz más temprano que tarde.

Se ha ido Fidel Castro, ya mustio e incoloro su plumaje, en agónico viaje hacia otro mundo donde no tendrá espacio para imponer su vileza y su insaciable apetencia de maldad. De su arrogancia y el brillo de sus pulmones, de sus gélidas barbas nauseabundas, no ha quedado ya más que un ácido eco, empozado en las charcas del infierno. Y ese manojo de sucias cenizas terrenales que en vergonzosa caravana pasean lentamente, desandando el camino que una vez victorioso transitó.
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