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lunes, 22 de abril de 2013

El Pontífice Francisco y el Test Cubano



Por Armando F. Valladares.

Francisco, el primer pontífice latinoamericano, en su reciente discurso al cuerpo diplomático destacó la pobreza física y la pobreza espiritual como dos grandes males del siglo XXI, y se compadeció del "sufrimiento" que afrontan sus víctimas.

Al leer ese discurso papal sobre el flagelo de la pobreza, no pude dejar de recordar a mis hermanos cubanos, pobres entre los más pobres latinoamericanos y caribeños, víctimas de más de 50 años de comunismo. Evoqué tantos lances lamentables de la diplomacia vaticana hacia Cuba comunista en las últimas décadas, que de una u otra manera favorecieron la continuidad de la dictadura cubana. Y me pregunté con legítima expectativa, en cuanto católico cubano, cuál será durante este nuevo pontificado la orientación de la diplomacia vaticana hacia la pobre Cuba, la otrora "perla de las Antillas". Hasta el momento, no son muchos los elementos de que se disponen como para levantar una hipótesis sobre lo que podría ocurrir. Se trata sin duda del test cubano.

La expectativa y hasta la ansiedad de los cubanos sobre los rumbos de la diplomacia vaticana hacia Cuba comunista se justifica, porque el drama de la isla-cárcel ya se prolonga durante demasiado tiempo. Después del viaje de Juan Pablo a Cuba, en 1997, el entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, publicó el libro "Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro" (Ed. Ciudad Argentina, Buenos Aires, 1998), una edición al parecer agotada, pero que en eventual reedición podrá dar luz sobre el pensamiento de Francisco sobre el problema cubano.

Diversos comentaristas han recordado el papel del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Bergoglio, como presidente de la comisión de redacción del documento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (CELAM), cuyos miembros se reunieron en el Santuario Nuestra Señora Aparecida, Brasil, el 13 de mayo de 2007. Francisco habría obsequiado dicho documento a mandatarios recientemente recibidos en audiencia por el nuevo pontífice, como fue el caso de la presidenta argentina.

En mayo de 2007, antes de esa reunión del CELAM, tuve la oportunidad de enviar un público mensaje a los miembros de ese organismo, difundido por la prensa y en las redes sociales; y entregado en manos a buena parte de los altos eclesiásticos participantes y a sus asesores, en el propio local del evento, en Aparecida. En dicho mensaje, expresaba "mi angustiada interrogación, en cuanto católico cubano y ex preso político en las cárceles comunistas durante 22 años, respecto de si esta reunión del CELAM abordará el drama de los católicos cubanos o si, una vez más, optará por el silencio". También constataba que "el sufrimiento espiritual del rebaño católico cubano en relación a la actitud complaciente de los pastores ante los lobos rojos es dilacerante". Y recordaba que durante la reunión del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), el entonces arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Pedro Meurice, reconoció que en un comienzo los fieles católicos cubanos consideraban a los eclesiásticos de ese país como miembros de "una Iglesia de mártires", pero que después, por esa actitud colaboracionista con la dictadura castrista, "dicen que somos una Iglesia de traidores". Un resumen de ese mensaje a los participantes del CELAM fue divulgado por la Agencia Católica de Informaciones (ACI) ("Ex preso político pide que drama cubano no pase desapercibido en 5a Conferencia", ACI, Mayo 06, 2007).

Lamentablemente, en esa oportunidad, el silencio del CELAM sobre el drama cubano fue total.

Dos meses después, los directivos del CELAM partieron hacia La Habana, para participar en la 31a. asamblea ordinaria de la entidad eclesiástica. Se presentaba otra oportunidad inmejorable para que el CELAM rompiese con el muro de silencio, de indiferencia y de vergüenza que asfixia a mis hermanos cubanos, pobres entre los más pobres, huérfanos espirituales entre los más huérfanos, que sufren en la isla-cárcel del Caribe.

Antes de comenzar el encuentro eclesiástico en La Habana, autoridades del CELAM habían recibido conmovedoras cartas, así como pedidos de ayuda de parte de fieles católicos, de madres y esposas de presos políticos, sobre las generalizadas violaciones de derechos humanos y religiosos de los habitantes de la isla-cárcel. Después del encuentro eclesiástico, hubo inclusive una reunión de dos horas y media entre representantes del CELAM y representantes de la dictadura cubana. No obstante, monseñor Emilio Aranguren, obispo de la diócesis cubana de Holguín, se apresuró a aclarar que en esa reunión simplemente "ninguno de esos temas se puso sobre la mesa", porque se habría conversado únicamente "sobre los temas que eran verdaderamente importantes para los obispos presentes".

En el infierno cubano, la asfixia y el exterminio espiritual y físico del pobre rebaño al parecer no era un tema suficientemente importante. El buen pastor está dispuesto a dar la vida por sus ovejas (cf. S. Juan, 10,10). ¿Qué decir de aquellos pastores que dejan a sus ovejas a merced del lobo, pareciendo ignorar el drama de los fieles católicos cubanos, pobres entre los más pobres, física y espiritualmente?

En la "ostpolitik" eclesiástica hacia Cuba, hasta el momento han sido varios los actores. Entre ellos, la secretaría de Estado de la Santa Sede; obispos católicos cubanos; cardenales y obispos católicos estadounidenses; y cardenales y obispos católicos latinoamericanos. Al tema he dedicado decenas de respetuosos y sinceros artículos, durante los últimos años.

En esta ocasión, evoco esos dolorosos hechos eclesiásticos en la angustiada, expectante y filial perspectiva de saber cómo será la orientación de la diplomacia de la Santa Sede, durante el pontificado de Francisco con relación a Cuba. Se trata del test cubano. La actual coyuntura de la Iglesia, interna y externa, tal vez sea una de las más dramáticas de su Historia. Que en relación al futuro de la isla, la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, ilumine la mente, las decisiones y los pasos de los actuales y más importantes protagonistas, especialmente, del nuevo pontífice.

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