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martes, 2 de diciembre de 2014

Refugiados me hace reír #Cuba

Por José Alberto Álvarez Bravo.

A instancias de Elizardo Sánchez, en agosto de 2014 deposité en un buzón habilitado al efecto en la Oficina de Refugiados de la Sección de Intereses de Estados Unidos, un formulario solicitando una visa por motivos de persecución política. El 27 de noviembre recibí por correos una carta denegándome esta condición. La carta, rubricada con un indescifrable garabato, me causó una incontrolable hilaridad.

Es natural que algunos se pregunten dónde está el chiste, y yo pudiera referirle que son muchos los puntos que me desternillan.

En primer lugar, este tipo de cartas las imprimen por millares, y lo único que difiere una de la otra es el nombre del destinatario. Es cierto que esto por sí solo no haría reir ni al más guasón, pero ni el más serio y amargado podría contener la carcajada cuando la carta de marras asevera, en un reiterativo esfuerzo de cómica seriedad, que “la información suministrada por usted en el formulario de aplicación al Programa de Refugiados ha sido analizada minuciosamente”. Es como para orinarse de la risa.

Nótese que la palabra usted se inicia con minúscula, y Programa de Refugiados con mayúscula. Sé que esta subestimación del destinatario y sobreestimación del Programa no hace gracia, pero lo que viene a continuación es como para ahogarse de la risa.

Resulta que esta fuente de alegría, que te la sirven gratuitamente, te informa que existen otras vías para emigrar legalmente a los Estados Unidos (el bombo, el parole, etc), pero el motivo personal por el me muero de la risa es que YO NO ME VOY DE CUBA, y eso lo saben muy bien la mayoría de mis hermanos de la disidencia interna y muchos del exilio, como queda demostrado en el hecho de haber renunciado a mi salida “legal y ordenada” el 27 de marzo de este 2014.

Simplemente oí el consejo de Elizardo porque tener una visa no implica que uno quiera irse, y constata que hay fundados motivos para creer que los esbirros de la dinastía Castro pudieran quitarnos la vida en cualquier momento.

Agrega la chistosa cartica que “desafortunadamente, usted no reúne los requisitos necesarios para ser procesado de acuerdo a las normas vigentes del programa de refugiados”. Pudiera pensarse que “la norma vigente” sería tener un par de metros de tierra encima, en cuyo caso ya el refugio estaría garantizado por la propia tiranía castrista.

Mencionaré algunos eventos que me ha tocado vivir en mi acontecer contestatario, que según el Departamento no califican como “requisitos necesarios”:

-En 2008, recibí varios correos de Elpidio Valdés, el ultimo decía: “estas pasando la raya de la traición, y la traición se paga con la muerte”

-El 11 de mayo de 2011, el Teniente Coronel de la policía política Fernando Tamayo Gómez me sometió a un secuestro hacia un sitio apartado y oscuro, robándome mi cámara digital y mi teléfono móvil; un individuo salió de otro vehículo, se acercó a la ventanilla y me dijo que yo era un contrarrevolucionario, “y nosotros eliminamos al enemigo”

-Pocos días después, el agente Diego, acompañándose de un gesto ilustrativo, me dijo: “nosotros le arrancamos la cabeza al pescado”

-En 2013, al salir de la vivienda de Sara Marta Fonseca fui arrestado junto a Calixto Ramón Arias, ocasión en que el agente Volodia me dijo textualmente: “tú no vas a ver la caída de Fidel”

-En 2014, el agente Leonel Alberto Pérez Belette concibió un plan consistente, según sus palabras en un sms, en darme una gira “por el Cauto y mas allá”, en un vehículo de turismo, en clara alusión al asesinato premeditado de Oswaldo y Harold. El 8 de abril se personó en mi domicilio, con maneras “amistosas”, para que le acompañara a un supuesto viaje “a Santiago (de Cuba) a ver a los hermanos, como obsequio de Elpidio Valdés”. El 10 de mayo, acompañándose por un equipo de sicarios a bordo de dos vehículos de turismo, volvió en mi busca, y sin la intercesión divina, no podría ahora haber redactado estas líneas.

Vivo a unos cien metros de la Oficina de Refugiados, por lo que centenares de aspirantes a esa condición han pasado por mi domicilio, habiendo leído decenas de cartas como la mía; también he escuchado muchas historias de gente que, en teoría, hace tiempo viven en EU, siendo el caso que sus visas han sido vendidas a otras personas; llueven las anécdotas de corruptelas alrededor del desempeño de esta Oficina, de las visas otorgadas a represores de la dictadura y denegaciones a verdaderos luchadores anticastristas, agobiados por la represión, pero no soy juez, ni investigador, por lo que el asunto no me atañe.

Como ultima pincelada de humor, la carta nos enseña que “el propósito de este programa es…desalentar la peligrosa e ilegal emigración marítima”. Si la cartica estuviera mínimamente aterrizada a mi situación personal hubiera podido ahorrarse este desvelo, pues si yo no quise –ni quiero, ni querré- irme en un avión, cómo podría lanzarme en una balsa, máxime cuando trabajé con el tema de los desaparecidos y conozco bastante bien ese drama de mi patria.

No mencionaré el hecho de haber salido ileso el 4 de enero de 2010 de un atentado a través de un “accidente” automovilístico, porque el objetivo era Laura Poyan; en ese caso me habría tocado ser como Harold Cepero asesinado junto a Oswaldo en julio 2012.

De nada culpo a esta Oficina por los innumerables desaciertos en que incurre, pues sería agobiante para cualquier equipo de trabajo tener que enfrentarse cada día a cientos de farsantes y embusteros de toda laya, que “sin haberle tirado un hollejo a un chino”, ponen su cara dura para fingir pánico por la “feroz represión” de que dicen ser objeto. De todo ha habido en esa pequeña “viña del Señor” que es la Oficina de Refugiados. Que Dios nos coja confesados.
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