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jueves, 25 de octubre de 2018

¿Cuántos presos políticos hay en Cuba? #Cuba #PresosPoliticos

Mambí en A/ Archivo Cuba/CubaArchive ha publicado en su portal un informe titulado "¿Cuántos presos políticos hay en Cuba?" A continuación, se presenta un resumen del informe de 4 páginas (por favor consúltelo para obtener detalles y las fuentes).

En los archivos rescatados de la antigua Stasi, policía política de la República Democrática Alemana (RDA) comunista, aparece que el número de presos contrarrevolucionarios en Cuba era 18,000 en 1965 y de 3,300 en 1978. Documentos del archivo Mitrokhin de la KGB hacen referencia a 8,000 presos políticos cubanos en 1974 sentenciados por actividades contrarevolucionarias.

El investigador cubano Efrén Córdova informó que había 19,000 presos políticos en el año 1967, mientras que el expreso de conciencia cubano, el embajador Armando Valladares, indica que estando preso en Cuba (de 1960 a 1982), el conteo nacional de presos contrarevolucionarios se llevaba en una pizarra de la prisión del Castillo del Príncipe y sumaba 82,000. Según Valladares, los presos políticos estimaban que en Cuba había al menos 200 cárceles y campos de trabajo.

En junio 2018 la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, CCDHRN, informó de 120 presos por motivos políticos al 31 de mayo de 2018 “con el máximo rigor”; 96 son opositores o desafectos al régimen y 24 son prisioneros acusados por emplear o planificar utilizar alguna forma de fuerza o violencia para realizar "actos contra la seguridad del Estado". El listado no incluye a muchos miles de cubanos que, sin ser parte de un movimiento político opositor, están presos por razones obviamente políticas, pero por “delitos” de otra índole.

Dada la naturaleza del sistema cubano, la definición de “preso político” responde a circunstancias cambiantes en el tiempo. Una vez cesaron los fusilamientos masivos, las insurrecciones armadas fueron derrotadas y los que constituían la resistencia fueron exiliándose, el régimen institucionalizó el terror y el adoctrinamiento sistemático para someter a la población. Todo esto disminuyó considerablemente el enfrentamiento directo contra el gobierno. Por otro lado, la migración masiva durante décadas se ha encargado de que los cubanos más desafectos se vayan del país o dediquen sus energías y sueños a buscar formas de hacerlo, lo que ha restado interés y recursos para oponerse al sistema. No es necesario, entonces, imponer tantas condenas de estricta índole política.





Mientras tanto, las autoridades cubanas han encontrado formas más “sofisticadas” y “creativas” para ejercer control socio-político y castigar a opositores, disidentes o desafectos. Prefieren condenas por peligrosidad predelictiva (conductas “antisociales” que atentan contra “la moral socialista”), “desacato” (criticar líderes del gobierno incluyendo al difunto Fidel Castro), “desobediencia,” o por todo tipo de delito común, usualmente de corte económico, ya que la actividad económica independiente se criminaliza sistemáticamente. La gran parte de estos “delitos” no existen como tal en países que cumplen con normativas internacionales de derechos humanos. Por ejemplo, como en Cuba todos los medios de prensa y comunicación masiva sólo pueden ser del Estado, se acusa de “usurpación de la capacidad legal” a los que practican el periodismo independiente. Incluso, se acusa a opositores de violencia doméstica. En vez de las largas sentencias políticas de antaño, el gobierno también prefiere los arrestos arbitrarios de corto plazo que no devienen en juicios. En los últimos años, los opositores cubanos han sufrido decenas de miles de detenciones arbitrarias de corto plazo. (Vea la lista de detenciones documentadas.)

Todo lo anterior ha permitido disminuir gradualmente el número reportado de “presos de conciencia” o “presos políticos.” Pero, habiéndose refinado las metodologías para ejercer el control estatal, es imprescindible comprender la naturaleza política, directa o indirecta, de muchas sentencias y tomar en cuenta la población penal en un sentido amplio para poder tener una visión realista del presidio político cubano.

También hay problemas estimando la población penal total del país. En 2006, la CCDHRN informó que esta era de entre 80,000 y 100,000 personas. La misma Comisión ha informado que a fines de mayo 2018 había “por lo menos, entre 65,000 y 70,000 personas encarceladas,” sin explicar las razones del notable descenso. También informó que había a la fecha “entre 150 y 180 prisiones de alta seguridad, centros correccionales, asentamientos y campamentos” en Cuba. Una lista de prisiones publicada alrededor del 2008 por CubaVerdad.com, proyecto con sede en Bélgica, detalla por provincia 545 instalaciones carcelarias. Se desconoce cuántas están aún operando y cuántas más se hayan podido añadir, pero hay informes de que hay nuevas prisiones especializadas, tales como para el trabajo forzado. Estos números, si fueran los correctos, indican que el estimado del CCDHRN estaría tomando como base un número significativamente menor de centros de reclusión. Por su parte, en mayo 2012 el gobierno cubano informó oficialmente que había 57,337 reclusos en las cárceles cubanas y no se sabe de otras estadísticas oficiales al respecto.

Teniendo en cuenta las dificultades descritas anteriormente y el hecho de que solo durante la invasión de Bahía de Cochinos decenas de miles fueron encarcelados, puede estimarse muy a groso modo y de forma conservadora que al menos 500,000 personas han sufrido el presidio político en un momento u otro a partir del 1ro de enero de 1959, incluyendo los que han sufrido detenciones cortas.

Comparativamente, el presidio político cubano hasta el 1959 fue mucho menor, era de una duración promedio más corta y primaban condiciones de reclusión mucho más civilizadas. Los acusados también tenían derecho a una defensa legal plena. Durante la dictadura de Batista se estiman en 500 los presos políticos sentenciados y en todo el país había solo 14 prisiones.

Archivo Cuba/ CubaArchive documenta muertes en prisión durante dos dictaduras en Cuba incluyendo en la actualidad. Ese trabajo, que logra documentar un número mucho menor del número real de muertes, da fe de los abusos y las terribles condiciones que todos los presos en Cuba, comunes o políticos, deben soportar. Puede consultarse un informe reciente y la base de datos.
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