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martes, 5 de abril de 2011

Nadie escucha


Por: Martha Beatriz Roque Cabello.
La Ley de la Administración Central del Estado establece un período de 60 días para la contestación a las quejas de los ciudadanos. Lo que implica que después de ser presentada la reclamación el querellante tendrá que esperar pacientemente por espacio de dos meses, ¡si se cumple con lo que está establecido! Y es que estos mecanismos, aunque por ley existen, no funcionan, la mayoría de las personas al verse desilusionadas por no tener contestación de los lugares a donde recurren, elevan sus inquietudes al Consejo de Estado, el que sí responde, pero a su vez le comunica al solicitante que ha trasladado su preocupación hacia abajo, el mismo nivel que no le ha resuelto nada, archiva el documento y no se vuelve a preocupar por el asunto.
Los que están dirigiendo en niveles inferiores, conocen perfectamente que una carta del Consejo de Estado requiriendo que revisen una situación cualquiera, no tendrá más ninguna repercusión, y es como si fueran líneas muertas.
Entonces la gente que se ve atada de pies y manos utiliza otros recursos, como escribir a la prensa plana, pero los responsables de dar respuesta a lo que en ella se publica, en una gran cantidad de casos, ni contestan. En estos espacios de los periódicos, se puede leer cualquier cúmulo de barbaridades administrativas, y de negligencias con la ciudadanía, y… ¡no pasa nada!, a pesar de que Raúl Castro anunció que tendría mano dura.
Recientemente, el periódico Juventud Rebelde, en su sección Acuse de Recibo, tituló una de sus cartas “¿Nadie escucha?”; porque las gestiones que hacen las personas a los niveles correspondientes de gobierno, son en vano, no se presta atención al llamado de los que tienen dificultades.
Con este panorama a nivel nacional no pensará la dictadura que las “nuevas medidas” solucionarán un mal enraizado por más de 50 años, y que después del Congreso del Partido Comunista, cambiará automáticamente la forma de actuar, sin ética, de los que dirigen a los diferentes niveles.
De manera novedosa, pero como si fuera un bistec empanizado, se anunció la disolución de la Asamblea Provincial del Poder Popular en la provincia de Sancti Spíritus, y aunque no se dice explícitamente, el que tiene acceso a la noticia y está acostumbrado a leer entre líneas lo que el gobierno declara, puede imaginar que los involucrados en estos abusos de poder y desvío de recursos están presos. Debió ser un escándalo mayor, cuando no se utilizó el método “constante” en el que se dice: “Fueron relevados de sus cargos…. y pasarán a ocupar otras funciones”.
Hubo alertas de deficiencias en el funcionamiento del gobierno provincial, como las hay día a día en cualquier otro nivel en el país. Un simple análisis de la situación dejaría claro que no es posible que todas estas personas que están absortas en cómo robar y cómo elevar su nivel de vida, se puedan preocupar del cubano promedio.
Sin embargo, los miembros de la oposición que durante años han estado tratando de promover la sociedad civil en el país, cada día reciben más casos de conflictos que afectan a los ciudadanos y que no tienen solución alguna por parte del Estado.
Los dirigentes de base de la Asamblea Nacional del Poder Popular, no cuentan con medios para resolver cualquier tipo de inconveniente que le plantee un elector. Pero no es solo un problema de recursos materiales, sino también de atención de los niveles superiores a los propios Delegados. Pueden estar exponiendo, una y otra vez, los reclamos de las Asambleas de Rendición de Cuenta y siempre la respuesta será la misma: “no hay presupuesto, la situación económica del país” y por supuesto no faltará “el bloqueo que asfixia al pueblo cubano”.
Se podrán hacer esfuerzos para reparar el daño de 52 años, como el anunciado para recuperar el sistema ferroviario que se dejó destruir, pero lo difícil será, en última instancia, mantener lo que se alcance. La indisciplina social es un mal arraigado que se desprende de otras calamidades peores, entre ellas, las necesidades acumuladas.
El señor Armando B. Núñez Rodríguez, se queja sobre el tren que viaja en días alternos Santa Clara, Morón-Nuevitas. Entre otras deficiencias señala: …“la suciedad pulula desde el primero hasta el último coche… si de los baños se trata, es toda una odisea verse en la necesidad de usarlos. En el coche expreso viajan, ante la indolencia, complacencia y comprometimiento de la tripulación, los más disímiles productos, desde sacos y más sacos de ajo en ristras, piensos, etc., etc., lo que convierte el medio de transporte en una candonga. Se vende de todo, a precios inferiores que los ofertados en las tiendas de divisas. El tren es un centro de trabajo habitual, ocupan espacios de los pasajeros con sus productos, sacos, maletines, cajas, etc., y los otros pasajeros quedan de pie. Toman bebidas alcohólicas, también la tripulación, viajan sin camisas, profiriendo palabras obscenas. Se puede observar las estrechas relaciones que tienen con la tripulación, y le dan dinero por el pasaje, supuestamente, pero no reciben el comprobante correspondiente”.
Esto es un pequeño botón de muestra con lo que tiene que enfrentarse el gobierno para dar solución a los problemas sociales, que acompañados de los económicos y políticos, hacen irreversible la situación actual del país.

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